Cuando pienses que no eres nada, voltea a ver a tu alrededor. Sal un rato por la calle, descubre que hay gente más jodida y simple que tú. No en términos de estatus social o a nivel socioeconómico, sino que también los hay en el «intelecto». Gente que desperdicia su tiempo, gente que scrollea todo el día, gente que se contamina con noticias vagas, gente que se preocupa demasiado y solo hace eso: preocuparse.
Cuando pienses que no vales nada, tómate un segundo de tu miserable existencia, mira en tus contactos y medita sobre ellos. Pregúntate: ¿Hay alguno de ellos que mi experiencia, mi consejo o mi forma de ser le haya servido de impulso, quizás de advertencia o solo he dejado huella por saber escuchar? Quizá pueda mentirte y decirte que encontrarás a más de uno, pero no lo sé, quizá has sido tan desgraciado que ni siquiera uno se acuerde de ti. Pero, ¿qué más da? Al final de cuentas, morirás solo como en este patético instante en el que estás leyendo esto. Porque en lugar de que actúes, te dejas morir, te dejas de amar.
Cuando pienses que no existes, es porque no haces algo por cambiar tu perspectiva. Cuando pasan esos pensamientos de desastre es porque de plano no tienes un sentido. Es posible que quieras hasta dejar de leer lo que escribo y créeme, también me ha tocado aburrirme y aborrecer lo que hago. Pero tranquilo, no estás solo. En este preciso momento, estoy ahí a tu lado abrazándote. Escuchándote atentamente, sonriendo por alguna broma o tontería, porque somos viejos y solo nos queda eso: vivencias.
No estás solo, aunque estés aquí encerrado o si, aunque seas libre, pero al final en una jaula social en donde todo se debe de decir correctamente y todo tiene que ser una identidad bien recibida. Yo te amo y ni siquiera termino por conocerte; no te odio porque tengo más sombra de lo que un árbol te puede dar. He sido menospreciado, he sido pisoteado, golpeado y humillado, pero seguimos aquí de pie, intentando ser mejores. Porque la mejor venganza que uno tiene es demostrarle al mundo entero lo más fuerte que te estás poniendo, lo más inteligente y lo más constante en lo que haces. Que lo intentes sin tener miedo a perder, porque ya lo has perdido todo, pero también te han surgido nuevos caminos, nuevos horizontes, nuevos comienzos.
Hoy no estoy para darte sermones, ni para abrumarte con mis cosas. Quiero que sepas que eres valiente, que eres un milagro porque aún respiras y quiero, por favor, que si vas a dejarte ir, me des la última oportunidad de decirte lo mucho que vales. Lo mucho que has logrado, lo mucho que te recordarán aunque no lo quieran; lo harán. Pero despreocúpate por lo que digan de ti, solo tómate unos segundos para demostrarte a ti mismo que, aun en tu soledad, eres alguien grandioso. Que cuentas conmigo, que sabes que siempre que me busques, me encontrarás. Ten un respiro, escucha música, tírate en el suelo y si estás más en calma, solo vive un día más.
Mañana será mejor, escríbeme de vuelta y veremos un par de películas o solo estaré para escucharte. No te rindas, aún no.
